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Colombia ha atravesado momentos de profunda incertidumbre, dolor y división. Sin embargo, en cada etapa de su historia, la fe ha sido un pilar que ha sostenido al pueblo colombiano. Hoy, más que nunca, estamos llamados a volver el corazón a Dios y a poner nuestra patria en Sus manos.
Ofrecer una Santa Misa por Colombia es un gesto concreto de amor a nuestro país: una súplica confiada por la paz, la reconciliación, la protección de las familias y el futuro de las nuevas generaciones.
“Si mi pueblo se humilla, ora, me busca y se convierte de su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo”
— 2 Crónicas 7,14
Colombia no es una nación cualquiera para la fe católica. En 1902, en medio de una de las guerras civiles más dolorosas de nuestra historia, el país fue consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, reconociendo públicamente que solo en Él hay verdadera paz y esperanza.
Desde entonces, el Sagrado Corazón ha sido símbolo de unidad, misericordia y protección para nuestro pueblo. Ofrecer hoy una Misa por Colombia es renovar esa consagración, volver a decirle a Cristo: “Reina en nuestros corazones y en nuestra patria”.
“Este Corazón es el símbolo de aquel amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres”
— Santa Margarita María de Alacoque
La Iglesia enseña que la Santa Misa es el acto más perfecto de adoración a Dios, porque en ella se hace presente el sacrificio redentor de Cristo.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda:
“La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana”
— (CIC, 1324)
Al ofrecer una Misa por Colombia unimos nuestras intenciones al sacrificio de Cristo por la salvación del mundo. Pedimos no solo soluciones humanas, sino la intervención de Dios en lo más profundo de nuestra realidad como nación.
“La Eucaristía es el centro de la historia; en ella se concentran todos los caminos de Dios hacia el hombre”
— San Juan Pablo II
Tu intención, celebrada en los territorios que más lo necesitan
Gracias a tu ofrenda, sacerdotes en todo el territorio colombiano celebran la Santa Misa por tus intenciones y por Colombia. Muchos de ellos sirven en regiones marcadas por la pobreza, la violencia y el abandono, donde la Iglesia es —con frecuencia— la única presencia de esperanza.
Los estipendios de Misa son, además, un apoyo vital para estos sacerdotes que entregan su vida al servicio del Evangelio y de las comunidades más vulnerables.
“El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra”
— San Juan María Vianney
La Iglesia presente, incluso donde nadie más llega
Desde hace décadas, ACN acompaña a la Iglesia en Colombia, apoyando a diócesis, parroquias y sacerdotes en zonas rurales, periferias urbanas y territorios de misión. Allí donde el Estado no llega, la Iglesia permanece, y ACN hace posible que esa presencia no se apague.
Cada Misa ofrecida es también un gesto concreto de comunión con estos sacerdotes que, en nombre de Cristo, oran por Colombia y por quienes confían sus intenciones en la Eucaristía.
“La Iglesia es signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano”
— (CIC, 775)
Tu donación se transforma en una Misa celebrada por Colombia y en un apoyo directo a los sacerdotes que sostienen espiritualmente a nuestro país.