Ya son cuatro años de la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania. El dolor sigue latiendo en cada ciudad herida y en cada parroquia que resiste entre ruinas. En medio de la conmemoración, las voces de quienes acompañan a la Iglesia local recuerdan que la guerra no solo se mide en cifras, sino en historias de fe y supervivencia. Desde la Fundación Pontificia ACN, el compromiso permanece intacto, como lo expresan Raquel Martín, directora de comunicaciones de ACN España, y Marco Mencaglia, director de proyectos de ACN Internacional.
La conmemoración de este cuarto aniversario no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino un llamado a no acostumbrarse al sufrimiento. Raquel Martín subraya que “Ucrania sigue siendo un país profundamente herido, pero también profundamente creyente; la fe se ha convertido en refugio y fuerza para miles de personas”. En estos años, parroquias destruidas han sido improvisadas en sótanos, y sacerdotes y religiosas han permanecido junto a sus comunidades, incluso bajo bombardeos. Para ACN, acompañar esta resistencia espiritual ha sido esencial: no se trata únicamente de reconstruir templos, sino de sostener la esperanza. Martín insiste en que cada proyecto apoyado —desde ayuda de emergencia hasta atención pastoral— tiene un rostro concreto, una familia que ha perdido todo menos la confianza en Dios.
Marco Mencaglia, por su parte, recalca que la guerra ha transformado radicalmente la vida de la Iglesia en Ucrania. “Muchos sacerdotes han pasado de una pastoral ordinaria a una pastoral de emergencia: confiesan en refugios, celebran la Eucaristía en casas dañadas y consuelan a quienes lo han perdido todo”, afirma. Según explica, el impacto psicológico es tan profundo como la devastación material. Por eso, buena parte de la ayuda internacional se ha orientado también a la atención emocional y espiritual. Mencaglia destaca que Ucrania ha sido uno de los países más apoyados por la fundación en estos años, precisamente porque la magnitud de la crisis lo exige. “La solidaridad de los benefactores permite que la Iglesia local siga siendo un faro en medio de la oscuridad”, añade.

Ambos coinciden en que este aniversario debe vivirse como una oportunidad para renovar el compromiso. No se trata solo de recordar el 24 de febrero de 2022, sino de mirar el presente con responsabilidad. “La guerra continúa y la necesidad no disminuye”, advierte Raquel Martín, al tiempo que invita a no caer en la indiferencia internacional. Marco Mencaglia complementa: “Cada gesto de ayuda sostiene a comunidades enteras que se sienten acompañadas por la Iglesia universal”. En medio de sirenas y reconstrucciones precarias, la fe de los cristianos ucranianos sigue siendo testimonio vivo de resistencia, y su clamor interpela a la conciencia global.
Para profundizar en esta conmemoración, te invitamos a ver en nuestro canal de YouTube el especial realizado con motivo de estos cuatro años de guerra, disponible en el siguiente enlace o dando clic en el botón:
Cuatro años después, el sufrimiento persiste, pero también la solidaridad. La Fundación Pontificia ACN reafirma que continuará al lado de los cristianos que padecen persecución y necesidad en Ucrania, uno de los países que más apoyo ha recibido en este tiempo. Porque mientras haya comunidades que celebren la fe entre escombros, la misión de acompañarlas no se detiene.