En medio de una compleja crisis humanitaria, una delegación de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Colombia), en cabeza de su Presidente, Pedro Miguel Niño, su Directora Ejecutiva, María Inés Espinosa Calle, y su Asistente eclesiástico, padre Edgar Rivera García, recorrió la región del Catatumbo. Durante un trayecto en lancha por el río Catatumbo hacia el resguardo indígena Catalaura, Monseñor Israel Bravo Cortés, Obispo de la Diócesis de Tibú, expuso los agudos desafíos pastorales y de seguridad que afronta la Iglesia católica en este golpeado territorio fronterizo.
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El Catatumbo padece una persistente degradación del orden público debido a los históricos enfrentamientos entre diversos grupos armados al margen de la ley. Monseñor Israel Bravo detalló que las disputas territoriales entre facciones de las FARC y el ELN mantienen viva una dinámica de violencia que genera desplazamientos masivos, confinamientos forzados, retenciones ilegales y desapariciones. Esta realidad impacta directamente el tejido comunitario y restringe severamente la movilidad de los habitantes y agentes de la pastoral.
Frente a la desatención institucional y el rigor del conflicto, la Diócesis de Tibú ha consolidado una respuesta humanitaria eficaz y de acompañamiento permanente. La Iglesia local dispone de sus 20 parroquias y numerosas capillas como refugios seguros, coordinando la distribución de ayuda alimentaria y liderando programas de protección para menores y personas bajo amenaza. Además, los sacerdotes asumen riesgos extremos al mediar en la liberación de retenidos y rescatar cuerpos sin vida en zonas de combate.
Uno de los mayores logros en este contexto de captación ilegal y violencia es el florecimiento de las vocaciones sacerdotales. Mientras el país registra un descenso generalizado en la vida consagrada, el Seminario Menor San Luis Bertrán, de Tibú, cuenta con más de 20 jóvenes en formación. Mediante una pastoral vocacional cimentada en el testimonio de sencillez, el trabajo con la infancia y el acompañamiento familiar, la diócesis ofrece una alternativa de vida digna frente al reclutamiento forzado de los grupos criminales.

El cuidado de la salud mental y espiritual de los mismos sacerdotes constituye otro reto prioritario para la jurisdicción. Al estar expuestos cotidianamente al dolor de sus comunidades, el clero diocesano requiere espacios prolongados de oración, fraternidad y escucha mutua para asimilar las complejas realidades del territorio. A través de retiros espirituales y encuentros vicariales, la Iglesia local mitiga el impacto psicológico de la guerra y asegura su presencia evangelizadora en cada rincón selvático y rural.
Monseñor Israel enfatizó la urgencia de estructurar soluciones que trasciendan la sola respuesta militar en la región. El prelado hizo un llamado a las autoridades nacionales para robustecer la institucionalidad civil mediante inversiones concretas en educación, salud, infraestructura vial y un sistema de justicia con presencia real en el Catatumbo. Para el obispo, la dignidad humana y el desarrollo integral son los únicos caminos viables para superar definitivamente el flagelo de la exclusión.
ACN Colombia reafirma su compromiso con la Diócesis de Tibú y sus agentes pastorales. El carisma de la fundación se traduce en el sostenimiento de estos valientes sacerdotes y religiosas que, asumiendo la mística de los primeros dominicos y de las hermanas lauritas, perseveran en la selva para vencer el mal con la fuerza del bien y la reconciliación.