En medio de una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado en Colombia, la Iglesia católica continúa acompañando a comunidades campesinas e indígenas, promoviendo la reconciliación, la dignidad humana y la esperanza. Gracias al apoyo de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Colombia), esta misión sigue llegando a lugares donde la violencia y el abandono estatal han dejado profundas heridas.

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Cuando Colombia escucha el nombre de Catatumbo, con frecuencia piensa en enfrentamientos armados, cultivos ilícitos o desplazamientos forzados. Sin embargo, detrás de esos titulares existe otra historia: la de miles de familias que resisten, trabajan la tierra y construyen comunidad; y la de una Iglesia que, desde hace más de ocho décadas, permanece junto a ellas incluso en los momentos más difíciles.
La Diócesis de Tibú, ubicada en el corazón de esta región del nororiente colombiano, acompaña a una población dispersa en extensos territorios rurales, comunidades indígenas y centros poblados marcados por décadas de conflicto. Con una jurisdicción cercana a los 8.000 kilómetros cuadrados y presencia pastoral en municipios como Tibú, El Tarra y Puerto Santander, la Iglesia se ha convertido en un referente de cercanía, diálogo y servicio para quienes enfrentan diariamente los efectos de la violencia.
Según Monseñor Israel Bravo Cortés, Obispo de Tibú, el Catatumbo es una tierra de enormes riquezas naturales y humanas que no puede seguir siendo definida únicamente por la guerra. Aunque la región continúa enfrentando disputas entre grupos armados ilegales, economías ilícitas, extorsiones, confinamientos y limitaciones en el acceso a servicios básicos, sus habitantes mantienen una profunda capacidad de resiliencia y un firme deseo de construir un futuro diferente. En este contexto, la Iglesia católica desempeña un papel que trasciende el ámbito estrictamente religioso. Sus parroquias, casas de misión y comunidades pastorales se han convertido en espacios de acogida, escucha y acompañamiento.

Consciente de los desafíos que enfrenta esta misión, ACN Colombia continúa respaldando de manera concreta el trabajo pastoral de la Diócesis de Tibú. Durante los últimos años, este acompañamiento se ha traducido en proyectos que fortalecen la presencia de la Iglesia en territorios de difícil acceso y alta vulnerabilidad. Entre las iniciativas financiadas recientemente se encuentra la entrega de un vehículo todoterreno destinado a facilitar la evangelización, la asistencia humanitaria y el acompañamiento de comunidades rurales dispersas. Igualmente, ACN Colombia apoyó la construcción y adecuación de habitaciones para sacerdotes misioneros en la Casa Cural de la Parroquia San Luis Bertrán, permitiendo mejorar las condiciones de quienes sirven permanentemente en la región. A ello se suma la ayuda destinada a sacerdotes que desarrollan su ministerio en zonas de misión y vulnerabilidad, por medio de los estipendios de Misa, contribuyendo al sostenimiento de comunidades que cuentan con recursos limitados.
Para ACN Colombia, la realidad del Catatumbo representa un llamado permanente a la solidaridad. La misión de la Iglesia en esta región demuestra que la fe también se expresa mediante acciones concretas que promueven la dignidad humana, fortalecen la cohesión social y abren caminos de reconciliación en medio de contextos marcados por el sufrimiento.

Ayuda a la Iglesia que Sufre reafirma su compromiso de seguir acompañando a la Diócesis de Tibú y a las comunidades del Catatumbo. Gracias a la generosidad de miles de benefactores, es posible sostener una presencia eclesial que no abandona a quienes viven en las periferias geográficas y existenciales de Colombia. Allí, donde las dificultades parecen imponerse, la Iglesia continúa siendo signo de cercanía, servicio y esperanza para un pueblo que se niega a ser definido únicamente por la violencia.