El terremoto en Venezuela ocurrido el pasado 24 de junio ha colocado a la Iglesia católica en el centro de la respuesta de emergencia, abriendo sus puertas a quienes lo han perdido todo mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes bajo los escombros. Según las últimas cifras oficiales, al menos 235 personas han muerto, más de 4.300 han resultado heridas y unas 200 personas están esperando a ser rescatadas de edificios derrumbados, mientras miles siguen desaparecidas o incomunicadas. Aunque las autoridades nacionales han registrado oficialmente a más de 2.200 familias afectadas, las autoridades regionales de La Guaira estiman que alrededor de 70.000 familias han sido damnificadas solo en ese estado. Las operaciones de rescate continúan las 24 horas y la magnitud total del desastre sigue siendo desconocida.
Ayuda de ACN tras el terremoto en Venezuela
Como primera respuesta a la catástrofe, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) ha aprobado 100.000 euros de ayuda inmediata para la Iglesia en Venezuela. Con esta asignación, la fundación busca apoyar la labor de los sacerdotes y religiosas de las diócesis afectadas que, a pesar de haber sufrido graves daños materiales, acompañan a los damnificados, acogen a familias y sostienen espiritualmente a comunidades golpeadas por el miedo, el duelo y la incertidumbre. Luis Vildoso, responsable de proyectos de ACN para Venezuela, destacó la resiliencia y el rol activo del clero local ante la emergencia:
«La Iglesia en Venezuela tiene experiencia porque el país ya lleva sufriendo muchos años. Ella permanece con su gente. Consuela a quienes lloran, acompaña a familias que buscan a sus seres queridos y abre sus puertas a todos los que necesitan refugio. Junto a esta respuesta pastoral, ya estamos evaluando los daños para determinar cómo ACN puede apoyarlos mejor ahora en esta emergencia, pero también en la reconstrucción a largo plazo de la misión de la Iglesia».
Una eucaristía que continuó al aire libre
Uno de los testimonios más conmovedores recibidos por ACN proviene del padre Ignatio Caleya, de la diócesis de Petare, quien se encontraba celebrando la misa en la festividad de San Juan cuando ocurrió el temblor. La iglesia estaba llena de fieles y, cuando el suelo comenzó a vibrar violentamente durante la lectura del segundo texto litúrgico, la gente evacuó el edificio. Una vez fuera, en lugar de interrumpir la celebración eucarística, el sacerdote continuó celebrando la misa al aire libre.
En cuestión de minutos, la evacuación de emergencia se transformó en un acto extraordinario de fe. Los residentes que habían huido de los bloques de apartamentos cercanos se unieron a la celebración, al igual que los pacientes y el personal evacuados de un hospital vecino. Ante el miedo por sus vidas, la liturgia se convirtió en un lugar de consuelo y fortaleza para toda una comunidad, reflejando la gran labor de la Iglesia de permanecer presente donde la gente más necesita esperanza.
Testimonios de dolor y esperanza en la tragedia
Por otra parte, un sacerdote de La Guaira compartió con ACN una tragedia mucho más personal. Aunque él mismo y la casa parroquial resultaron ilesos, varios miembros de su familia siguen desaparecidos, entre ellos su sobrina de tres años. Mientras sigue cuidando a sus feligreses y saliendo a las calles a consolar, hablar y rezar con los que se han quedado sin casa, el presbítero soporta la misma angustia que viven miles de familias venezolanas que aún esperan noticias de seres queridos atrapados bajo los edificios derrumbados. Esta es una de las heridas más dolorosas en este momento en Caracas y en La Guaira, una región que ya sufrió en 1999 un enorme desastre natural conocido como “La tragedia de Vargas”, cuando un alud de barro ocasionó miles de víctimas mortales.
María Lozano, jefa de prensa y medios en ACN International y conocedora de las diócesis afectadas, destacó el profundo impacto humano que trasciende las cifras:
«Hemos recorrido estas calles, rezado en estas iglesias y pasado tiempo con los sacerdotes y familias que ahora viven esta pesadilla. Por eso esta tragedia nos parece tan cercana. En cada gran catástrofe llega un momento en que las estadísticas ya no son suficientes para describir por lo que la gente está viviendo. Ahora mismo, nuestra esperanza es que muchas más personas sigan siendo rescatadas con vida. Pero todos temen que, a medida que pasen las horas y se alcancen más edificios, la verdadera magnitud de la tragedia se haga dolorosamente evidente. En este momento, hay padres esperando noticias de sus hijos, niños buscando a sus padres y familias que aún no saben si sus seres queridos siguen vivos bajo las ruinas. Sólo Dios y la fe puede aliviar ese sufrimiento».
ACN mantiene un contacto continuo con la Iglesia venezolana y se prepara para apoyar tanto la asistencia de emergencia como la reconstrucción de la infraestructura eclesiástica dañada, asegurando que las comunidades locales puedan seguir recibiendo apoyo espiritual, pastoral y humanitario en los próximos meses.