El arzobispo de Caracas explica cómo la Iglesia acompaña a las víctimas del terremoto mientras continúan las labores de emergencia.
Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate tras el devastador terremoto que sacudió Venezuela, la Iglesia enfrenta otro enorme desafío: acompañar a una población profundamente traumatizada. «Ha sido un milagro para quienes siguen vivos, pero hemos perdido a mucha gente», afirma el arzobispo de Caracas, Mons. Raúl Biord, en declaraciones a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).
La magnitud de la tragedia sigue creciendo. Según el último balance oficial (27.06.), más de 1.400 personas han perdido la vida, más de 3.000 han resultado heridas y decenas de miles continúan desaparecidas.
Muchas zonas permanecen sin electricidad, numerosos edificios se han derrumbado y muchos otros presentan daños estructurales que impiden a sus habitantes regresar a sus hogares. Fuentes eclesiales consultadas por ACN estiman que alrededor de 250.000 personas podrían haber quedado sin vivienda como consecuencia del terremoto. Además, el cierre o la interrupción de operaciones de numerosos bancos dificulta el acceso al dinero en efectivo para cubrir las necesidades más básicas.
«Debemos tomarnos el tiempo necesario para organizar estratégicamente la ayuda. La necesidad es inmensa. Sin duda, ahora lo primero es salvar y reconstruir vidas», explica el arzobispo.
Un verdadero milagro
Sin duda, la diócesis más castigada por el terremoto ha sido La Guaira, especialmente la franja costera situada junto a Caracas. Uno de los edificios que sufrió los daños más graves es el Seminario San Pedro y San Pablo.
«Los seminaristas estaban en el edificio cuando la tierra tembló. Podemos decir que ha sido un milagro. Hubo algunos heridos leves, pero nadie murió. Tanto los seminaristas como los profesores lograron salir. Sin embargo, el edificio ha quedado inutilizable y ya no se puede entrar. Sufrió daños muy graves. Lo han perdido todo: la ropa, los zapatos… no se ha salvado nada.»
Tras permanecer varios días desplazados en un centro deportivo de La Guaira, Mons. Biord explicó que los seminaristas fueron trasladados el sábado a Caracas, donde recibirán apoyo psicológico para superar el trauma vivido.
El arzobispo considera que este acompañamiento emocional es uno de los retos más urgentes de la Iglesia en estos momentos.
«Uno de los aspectos más importantes ahora es la escucha», asegura. «Muchas familias que conocemos han tenido que sacar ellas mismas a sus seres queridos de entre los escombros», lamenta el arzobispo.
Los sacerdotes que acompañan a los heridos en los hospitales son testigos de un sufrimiento difícil de describir. En un mensaje enviado a la fundación, uno de ellos relata su visita a un hospital de Caracas:
«Antes de administrar el sacramento de la Unción de los Enfermos a una madre, le pregunté cómo se sentía. Ella, con una sonrisa, me respondió: ‘Estoy viva’ […] y luego añadió: ‘Todo va a estar bien; me acaban de amputar ambas piernas, pero vamos a salir adelante’. Otra madre, antes de recibir la unción, me pidió: ‘Rece por mis dos niñitos, que han muerto’. Una joven, entre lágrimas, me confesó: ‘He perdido a mis papás, a mis abuelos y a mis hermanos’.»
El sacerdote concluye:
«La realidad es devastadora.»
Ante este profundo dolor, Mons. Biord considera que uno de los retos más urgentes es acompañar a quienes han sobrevivido.
«Hemos perdido a muchísimos. Tenemos que acompañar a quienes han sobrevivido. Los sacerdotes y las religiosas, junto con los voluntarios de Cáritas y los agentes pastorales, deberán brindar atención psicológica y acompañamiento espiritual a miles de personas marcadas por el trauma. Una de las grandes prioridades de la diócesis durante los próximos meses será brindar apoyo y formación a quienes estarán en la primera línea del acompañamiento pastoral», afirma.
En medio de la catástrofe, el arzobispo destaca también el consuelo recibido del Santo Padre:
«El Papa me escribió unas palabras muy hermosas. Me conmovieron profundamente.»
Mons. Biord agradece también la solidaridad de ACN y de otras obras caritativas internacionales:
«Necesitamos mucho su apoyo. Ayúdennos a reconstruir estas vidas y nuestro país, unidos.»
Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) ya ha aprobado una primera ayuda de 100.000 euros para apoyar la respuesta de emergencia de la Iglesia en Venezuela. Esta ayuda permitirá sostener el trabajo de sacerdotes, comunidades religiosas y agentes pastorales que, pese a haber sido también gravemente afectados, continúan acogiendo a familias, acompañando a las víctimas y brindando apoyo espiritual en medio de la tragedia.
Al mismo tiempo, la fundación pontificia continúa evaluando las necesidades sobre el terreno junto con la Iglesia local y se ha comprometido a apoyar también la reconstrucción a mediano y largo plazo.