En medio de la estela de desolación dejada por los devastadores terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela el pasado 24 de junio, las oficinas de la fundación pontificia ACN Colombia y Global Office, expresan su solidaridad con el pueblo venezolano ante el dolor por las pérdidas humanas y la angustia de quienes hoy carecen de un hogar.
La magnitud de los movimientos telúricos —7,2 y 7,5 registrados en escasos segundos— ha herido gravemente tanto la infraestructura social como el corazón de miles de familias. En esta hora de prueba, la Iglesia católica ha reafirmado su identidad como «hospital de campaña», abriendo sus puertas para acoger a los damnificados, incluso cuando sus propios templos e instituciones, como la Catedral de Caracas o el seminario de La Guaira, han sufrido daños estructurales significativos.
La respuesta de ACN Colombia y ACN Global Office nace de esta cercanía, entendiendo que en momentos de crisis extrema la asistencia técnica y el respaldo financiero son extensiones directas de la caridad cristiana. Por esta razón, ACN Internacional ha aprobado un fondo de emergencia de 100.000 euros, destinados a respaldar la respuesta inmediata de la Iglesia en Venezuela. Estos recursos permitirán que los sacerdotes y religiosas puedan sostener la labor pastoral y humanitaria en las zonas afectadas, garantizando que comunidades golpeadas por el miedo y el duelo reciban el soporte necesario para levantarse. Este fondo se articula con la red nacional de solidaridad de Cáritas Venezuela y la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), facilitando que los templos seguros operen como centros de acopio y asistencia vital.
La entereza de la Iglesia venezolana en estos días es una lección de fe. Como señala la Presidencia de la CEV, «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro auxilio pronto en las tribulaciones» (Salmo 46,1). Esta convicción ha impulsado testimonios conmovedores, como el de los sacerdotes que, tras la evacuación de sus iglesias, han continuado celebrando la Eucaristía al aire libre, convirtiendo las calles en espacios de refugio espiritual. ACN hace eco de este llamado y se une a la Jornada Nacional de Oración convocada para el próximo domingo 28 de junio, convencida de que la oración compartida es un bálsamo necesario ante la magnitud de la tragedia.
La misión, como colaboradores de la Iglesia en Venezuela, trasciende el apoyo inmediato. Existe una comunicación constante con los obispos y líderes locales para evaluar el alcance de los daños y planificar la reconstrucción a largo plazo de la misión eclesial. Resulta evidente que el pueblo, a pesar de las heridas, se mantiene en pie. La memoria de «La tragedia de Vargas» de 1999 resuena hoy en el espíritu de resiliencia de los venezolanos, y ACN se compromete a caminar junto a ellos en este proceso.
Se invita a todos los benefactores y hombres y mujeres de buena voluntad a no retirar su mirada de Venezuela. La solidaridad no es un acto puntual, sino una permanencia en el amor. Bajo la maternal protección de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, se reafirma que ninguna comunidad está sola. El compromiso permanece firme: seguir estrechando la mano de los hermanos venezolanos, trabajando incansablemente para que, donde el miedo se ha instalado, pueda volver a florecer la esperanza, el consuelo y la reconstrucción de la vida comunitaria.