El Arzobispo Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica ucraniana, ha compartido un profundo balance espiritual y humanitario durante su reciente visita a la oficina nacional de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) en España, con motivo del Sínodo Permanente de Obispos Greco-Católicos celebrado en Madrid. Al reflexionar sobre la dolorosa realidad del conflicto, el prelado destacó que las extremas dificultades han llevado a la población a plantearse dilemas existenciales sobre el dolor, la esperanza y la presencia divina, encontrando respuestas únicamente en el marco de la fe cristiana. Al respecto, el primado afirmó:
“Es el momento más fuerte de conversión en la reciente historia de nuestra nación. Ucrania protege con su pecho la paz en Europa. No es una metáfora, es una realidad. Sin embargo, el profundo sufrimiento de la guerra está planteando preguntas existenciales a todos: ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene mi dolor? ¿Hay esperanza? ¿Dónde está Dios en medio de la guerra? Nadie puede encontrar una respuesta a esto fuera de la fe cristiana. Por eso, este periodo de dolor es un kairos, un tiempo de gracia en el que realmente vivimos momentos de grandes conversiones”.
Las conversiones y los desafíos según el Arzobispo Sviatoslav Shevchuk
De acuerdo con las estadísticas presentadas por el líder eclesial, las dinámicas del conflicto armado han transformado drásticamente la demografía religiosa de la nación. El porcentaje de ciudadanos que se identifican con las Iglesias ortodoxas tradicionales ha experimentado un descenso, bajando de su promedio histórico del 70% a un 52% actual. En contraposición, la minoría greco-católica se posiciona como el grupo más dinámico dentro de este escenario; antes de las hostilidades representaba entre el 7,5% y el 8% de la población, mientras que hoy alcanza el 12%.
Respecto al rol de la Iglesia en este doloroso periodo, Mons. Shevchuk acuñó el término de la “pastoral del dolor” para describir el trabajo cotidiano de los sacerdotes en las parroquias, quienes asumen el sufrimiento de sus comunidades y presiden numerosos funerales de jóvenes y niños. El prelado explicó el valor de este acompañamiento institucional directo:
“Esta es la labor actual de todos nosotros y de cada uno de los sacerdotes en las parroquias: somos “dolientes”. Es una pena tremenda celebrar funerales sin fin cada día y sepultar a jóvenes y niños, te afecta profundamente. Cada uno de los obispos lleva en sí el dolor de su propia gente, a la que tenemos que acompañar. Nosotros podemos llevar consuelo, un consuelo para las personas que no esperan milagros, sino que necesitan presencia: el “sacramento” de la presencia de la Iglesia a través del sacerdote”.
Esta cercanía es especialmente visible en las regiones cercanas a la línea de combate, donde los sacerdotes actúan con la máxima responsabilidad eclesial: “Cuando el Estado inicia la evacuación de civiles por el peligro, el sacerdote siempre es el último en marcharse. Como el capitán de un barco, abandona su nave al final”.
La realidad del clero y la ayuda de ACN ante la «guerra olvidada»
El líder religioso confesó el profundo dolor que causa en su pueblo el aparente desinterés internacional por un conflicto que ya atraviesa su cuarto año. Manifestó que a veces tienen la alarmante sensación de que el mundo olvida la magnitud de la tragedia y no comprende las dimensiones de los ríos de sangre que corren por Ucrania cada día.
A la par de la crisis social, la situación material del clero es sumamente precaria. Según una encuesta interna realizada por la Iglesia greco-católica ucraniana, más de la mitad de sus sacerdotes viven actualmente bajo el nivel de la pobreza; detallando que un 38% no puede comprar ropa y un 3% presenta serias dificultades para adquirir alimentos básicos. A pesar de enfrentar estas carencias materiales, el arzobispo se mostró visiblemente conmovido por el compromiso de sus ministros:
“El 92% de los encuestados respondió que son felices de servir a nuestra gente. Eso me hace llorar. Los sacerdotes tienen que escuchar, acompañar y, a veces, simplemente permanecer en silencio. ¿Qué le vas a decir a una madre que acaba de perder a su hijo?”.
Frente a este complejo escenario, la Iglesia ucraniana ha implementado, con el respaldo constante de ACN, un programa de formación permanente y rehabilitación psico-espiritual para capacitar adecuadamente a los religiosos en la atención de las víctimas. El arzobispo definió a estos agentes como verdaderos “sanadores heridos” o “curadores heridos”, una iniciativa que cuenta con una altísima demanda en todas las diócesis. Mons. Shevchuk concluyó con un mensaje de firme esperanza e invitó al mundo a mantenerse unido mediante la oración constante:
“La guerra va a terminar porque el mal no es eterno. El Señor es eterno y el Amor es eterno. Hay que rezar mucho para que los pueblos sean liberados de la esclavitud de la guerra. La esperanza es una realidad palpable hoy en Ucrania. Ucrania reza por la paz cada día”.