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Tierra Santa cada vez más vacía de cristianos: «Soñamos con llegar al 5%, pero estamos lejos de eso»

Cristianos en Tierra Santa

Cristianos en Tierra Santa viven una realidad cruda y profundamente personal marcada por una presencia frágil y cada vez menor, según relató el abad Nikodemus Schnabel a los representantes de Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN). La imagen de Jerusalén como un corazón vibrante del cristianismo contrasta con la situación de una minoría «pequeña», diezmada por la guerra, dificultades económicas y un éxodo constante. «Si crees que esto es un El Dorado del cristianismo, la realidad es diferente», afirmó el abad, señalando que la población cristiana total es inferior al 2%.

La supervivencia económica de los Cristianos en Tierra Santa

Para los fieles locales, el mayor desafío es la subsistencia económica en una región donde el 60% de los cristianos de habla árabe dependen del turismo. Desde el último buen año en 2019, sucesivas crisis como la pandemia y la inestabilidad política han devastado el sector, dejando a muchas familias sin ingresos.

«La gente se marcha porque no ve un futuro. (…) Mi temor es que Tierra Santa se convierta en una especie de ‘Disneyland cristiana’. Los lugares santos permanecerán, con monjes y sacerdotes. Pero puede que no haya familias cristianas, ni jóvenes cristianos, ni una vida cristiana ordinaria».

Grupos vulnerables y el riesgo de un «museo sin creyentes»

El abad Schnabel describió un mosaico compuesto por tres grupos principales:

  • Católicos palestinos: Presentes por siglos, incluyendo la comunidad de Gaza que vive bajo una «doble ocupación».

  • Católicos de habla hebrea: Un fenómeno nuevo integrado en la sociedad israelí.

  • Migrantes y solicitantes de asilo: El grupo más grande, con más de 100,000 personas que enfrentan condiciones inhumanas y «una forma de esclavitud moderna».

Asimismo, denunció la hostilidad de grupos judíos extremistas, que perpetran actos de vandalismo, profanación y grafitis de odio. A pesar de esto, insistió en que la Iglesia se mantiene «pro-humanidad», negándose a tomar partido en la polarización política. Para el abad, la presencia de comunidades vivas en Jerusalén, Belén y Nazaret es indispensable: «No hay Anunciación sin Nazaret, ni Navidad sin Belén, ni Pascua sin Jerusalén».

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