Miles de colombianos se congregaron en oración durante el 4to Rosario Nacional, celebrado en Bogotá y distintas regiones del país, para pedir por la paz, la reconciliación y la conversión del corazón. La jornada, inspirada en el mensaje de Nuestra Señora de Fátima, reunió a fieles, sacerdotes y líderes de la Iglesia en un llamado a sanar las heridas de la nación desde la fe y la fraternidad. En este espacio, la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre – ACN Colombia participó activamente a través de su asistente eclesiástico, el padre Edgar Rivera, ratificando su compromiso permanente con la Iglesia que sufre y con las comunidades que claman por consuelo, justicia y paz en Colombia.

El pasado 13 de mayo los colombianos se dieron cita en diferentes partes del país, unidos en oración a Nuestra Señora de Fátima para pedirle su intercesión ante Dios y hacer posible el lema que convocó la Jornada de Oración: “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión del corazón”.
Desde la Catedral Primada de Colombia en Bogotá se dio comienzo en la mañana al rezo del Santo Rosario a las 11:00 a.m., dirigido por monseñor Sergio Pulido Gutiérrez, párroco de la Catedral Primada; acompañado en la presentación de cada uno de los Misterios Gloriosos por laicos, religiosos y sacerdotes, en comunión a miles de fieles que se dieron cita a esa hora tanto de manera presencial como virtual. Este Santo Rosario se ofreció por las víctimas de la violencia, por quienes sufren hambre y persecución, por las personas privadas de la libertad y sus familias, por los gobernantes y las Fuerzas Militares.
Terminado el rezo del Santo Rosario, se dio paso a la celebración de la Eucaristía que fue presidida por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia y Arzobispo de Cartagena, y concelebrada por monseñor Jorge Enrique Lozano Zafra, Obispo Emérito de la Diócesis de Ocaña, y varios sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá y de comunidades religiosas. Monseñor Múnera en su homilía, hizo referencia inicialmente a la necesidad que tiene el país de caminar unido, sin polarizaciones ni divisiones; y exhortó a los colombianos a promover la cultura del encuentro y la fraternidad: “Es cierto que tenemos diferencias, somos diversos; podremos ser, inclusive, adversarios, pero nunca enemigos (…) Abriguemos en nuestro corazón sentimientos de hermandad y de amistad social. Somos hermanos, somos ciudadanos de esta querida Patria”.
Asimismo, enfatizó que el ejercicio de la política debe fundamentarse en la búsqueda del bien común: “El ejercicio de la política requiere de todos el discernimiento y la búsqueda del bien común para que juntos trabajemos en el proyecto de nación que anhelamos con justicia, equidad, solidaridad y, ante todo, en la búsqueda de la verdad.” En relación al texto del Evangelio proclamado sobre las Bodas de Caná (Juan 2, 1-11), monseñor Múnera manifestó que Colombia necesita la intercesión de la Virgen María para que Jesús obre el milagro de un vino nuevo y mejor para el país: “Jesús puede realizar el milagro de transformar nuestras reservas morales, culturales y espirituales, y nuestra propia historia, pasado, presente y futuro, en un vino nuevo y mejor. (…) Basta solo con presentarle a Jesús las tinajas llenas de lo que somos, hacemos y tenemos como ciudadanos y como país, para que Él realice el milagro del amor, de la fiesta y de la alegría”.
Monseñor Francisco Javier Múnera destacó el papel importante que tiene María en nuestra historia, y de manera especial se refirió a los tres caminos concretos que el mensaje de Fátima nos presenta: la oración, la reparación y la consagración: “El corazón de María nos une más íntimamente al corazón de Cristo que transforma, unifica y sana nuestro corazón herido”. Explicó que la oración ayuda a confiar nuevamente en Dios; que la reparación impulsa la solidaridad frente a la indiferencia; y que la consagración al Corazón Inmaculado de María conduce a una transformación profunda de las relaciones humanas y sociales.

El acto de la mañana culminó con la renovación de la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María. Monseñor Múnera oró a Nuestra Señora de Fátima por la paz y la reconciliación, la unidad y la esperanza, la verdad y la justicia, la solidaridad y el compromiso de todos los colombianos en trabajar por el bien común para superar los desafíos actuales. La Jornada de Oración continuó en la tarde, dándose inicio a las 5:00 p.m. en la Catedral Primada con la Adoración Eucarística y luego con el rezo del Santo Rosario en la Plaza de Bolívar donde se pidió por las familias, los niños, los jóvenes, las madres y las mujeres que han sufrido a causa de la violencia, la injusticia y la desesperanza; por toda la Iglesia, el Papa y sus ministros; por el Presidente y el futuro presidente del país, por los Congresistas y las Altas Cortes, por los creyentes y no creyentes.
“La Paz nace cuando el corazón descansa en Dios, cuando el odio deja espacio al perdón, cuando el ruido interior se transforma en oración”, este fue el mensaje de monseñor Sergio Pulido al iniciar la tarde con la Adoración Eucarística donde se refirió a que la Virgen María como en las Bodas de Caná nos lleva a Jesús, y ante su Presencia comprendemos que Colombia necesita no solamente acuerdos humanos sino corazones reconciliados.
¡Jesús Eucaristía danos tu Paz!, fue la jaculatoria que entre bellas canciones junto a otras peticiones se meditó ante la presencia de Jesús Eucaristía, resaltando la importancia de la Consagración al Corazón Inmaculado de la Virgen María para ser mensajeros de la Paz. Este momento de Adoración fue presidido además de monseñor Pulido, por el padre Edgar Rivera, asistente eclesiástico de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) Colombia, el padre Daniel Bustamante, párroco de San Pedro Apóstol, y el padre Javier Riveros, director de la Emisora Minuto de Dios en Bogotá.
En la noche de antorchas con el rezo del Santo Rosario en la Plaza de Bolívar, haciendo eco de la peregrinación que se vive en Fátima Portugal, Felipe Arias reconocido periodista por su trabajo como gestor de paz, fue el encargado de presentar y motivar a los asistentes para pedir a la Virgen María la conversión y la paz del corazón.
Antes de iniciar con la meditación del Santo Rosario, el padre Germán Acosta, director de Radio María, hizo una reflexión sobre el mensaje de Nuestra Señora de Fátima en el año 1917, anotando: “¿Qué nos diría hoy la Madre de Dios? “Hijos míos no se cansen de orar, el Rosario no es una oración para débiles es un arma poderosa contra el mal, cuando un pueblo se arrodilla unido ante Dios el cielo escucha y que hermoso que esta campaña en el centro de Colombia, se constituya en una plegaria por todos los rincones de Colombia”. Asimismo, enfatizó que “el mensaje de Fátima nos recuerda algo esencial, la Paz verdadera nace primero en el corazón del hombre. Sin conversión a Dios, Colombia no tendrá Paz”. Por otro lado, el padre Daniel Bustamante, explicó que el Rosario es el arma con el cual se vence el mal, y se refirió a San Pablo: “la guerra no es contra la carne y la sangre, sino contra los espíritus del mal que están golpeando el país; el único que puede ganar y triunfar es Jesucristo”.
Y finalmente, el padre Javier Riveros, hizo una oración pidiendo el Espíritu Santo sobre Colombia, para que esté protegida de todo mal y peligro, cuidando a las familias, los niños, los jóvenes, los adultos, los ancianos, los que sufren y bendiciendo a toda la nación. “Este Santo Rosario público sea para coronarte como nuestra Reina, que intercedas ante nuestro Rey para alcanzar la conversión que nos traerá la paz y la reconciliación tan anhelada, la salud y el bien para todos los colombianos. Reina de Colombia mira con amor esta nación dale la luz de tu hijo Jesucristo a esta nación, que Colombia vuelva su corazón a Dios, al Espíritu Santo y que encontremos todos en Dios la verdadera paz”.